Huertas urbanas: Una experiencia que va más allá de lo alimenticio

LAS HUERTAS URBANAS TRAEN BENEFICIOS DE TODO TIPO, INCLUSO POCO IMAGINADOS. UNA TENDENCIA QUE CRECE EN LAS CIUDADES Y OBLIGA A UN CAMBIO DE MENTALIDAD A TODO NIVEL.

Grandes campañas que alertan contra el creciente riesgo de la contaminación ambiental y el cambio climático, ciudades atestadas, embotellamientos atroces. Sin duda, la vida moderna difiere de aquellas fantasías futuristas de la ciencia ficción. Sobre todo, porque aquellas proyecciones no contemplaron que, en medio de todo ese caos, crecería una tendencia en la jungla de cemento: la proliferación de huertas urbanas, que se hacen un hueco entre balcones y terrazas de las ciudades. Un regreso a la tierra, en el plano de lo posible.

Las huertas vinieron a acoplarse a una serie de cambios de hábitos (reciclaje, cuidado intensivo del agua, consumo consciente de alimentos) que nacieron, probablemente, de nuestra conciencia de la finitud del planeta y la irrupción de una pandemia que puso al mundo patas para arriba. Y cuando hablamos de huertas, el tamaño no importa: cada centímetro ganado al pavimento, es puro beneficio.

Según la FAO, promueven la biodiversidad, reducen las islas de calor, absorben el ruido, mejoran la calidad del aire y disminuyen la deposición de basura, gracias a la posibilidad de convertir los desechos orgánicos en compost. “La agricultura urbana proporciona alimentos frescos, crea cinturones verdes, y fortalece la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático”, indica el organismo dependiente de Naciones Unidas.

No sólo eso. Los huertos urbanos pueden llegar a ser 15 veces más productivos que una chacra ubicada en zonas rurales, de mayores dimensiones. La FAO revela que un espacio de apenas un metro cuadrado, puede proporcionar hasta 20 kilos de comida al año. ¿No suena tentador cosechar tu propia verdura de calidad y en pleno control de la seguridad alimentaria?

La mejora en la alimentación no es el único beneficio: en la tierra hay un tipo de microorganismo (Mycobacterium vaccae), que al interactuar con el cuerpo provoca la liberación de una mayor cantidad de serotonina, la hormona encargada de brindar la sensación de felicidad y que regula el humor, el sueño, el apetito, el ritmo cardíaco, la temperatura corporal, la sensibilidad y las funciones intelectuales.

Fuente: https://elplanetaurbano.com/

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